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Arminda

Arminda. Canto de una voz que te nombra.

Coral callado y erguido sobre el agua

de mil aguas, sobre el río de mil ríos.

Señora dorada, ni la piedra más aurea

brilla más que tu sombra por más que el sol la mire.

 

Tu nombre es el nombre de mil nombres,

en una canción el canto de mil voces,

Eres y no eres sin dejar de ser ¡Ah mujer!

Eres todo: Lo oscuro y lo blanco en el atardecer.

 

Ni el trigo sembró como tú su mismo fruto...

Perteneces a la vida de mis años,

de mis días, desde que tu amor creó mi amor

vivo amarrado dulcemente a tus sueños.

 

Y ahora eres el clavel oscuro de la noche,

tus ojos sedientos miran lo que ves.

Divisas todo en mí, lo finito y lo infinito.

Y ahora canta, canta con mi voz.

 

Canto, y te veo como si te estuviera viendo

y tu sonrisa desliza en mí todo el encanto

que llevas, eres bella sin dejar de ser hermosa.

Embriagadora, no eres el clavel oscuro de la noche,

eres la blanca rosa. Dulce y callada como una diosa.