José Luis Barrientos León

La memoria que se estremece

 

 

La memoria que se estremece, junto a la ventana

Cuando el sol ilumina con timidez, la vieja calle del pueblo

Bajo la lluvia gris y fría que entumece la realidad

Un manojo de recuerdos nos acecha desde el alba

Musgos en las paredes tapizando las tristezas

Ojos sobre el espejo maquillando esperanzas

Metáforas del viento ilusionando un mundo bello

Y a lo lejos, las cenizas de silencios que agonizan con el tiempo

 

Tal vez al final del día, la noche permite una calle transitable

Y bajo su negro de consuelo, la luna nos luzca sutiles promesas

Como diademas de ilusión y añoranza

Las verdades y el cansancio, inconscientes, desvalidos,

Duermen en nuestros labios esperando el olvido

Dejándonos inermes, desprovistos de latidos

Talvez al final del día, insomnes los hombres

Le den sentido a la vida

 

Las sombras del viejo pueblo envejecen de espanto

Pareciera que sus gentes en caravanas han partido

Llenando el firmamento de menesterosos reflejos

Nubes de silencio invaden sus parques,

Robando despiadadas los murmullos a los árboles

A lo lejos lluvias grises, cubren la tierra de estiércol

Por los altavoces de la plaza,

Alguien miente, alguien engaña

Alguien transforma gentes en votantes

 

La memoria que se estremece, recordando a los hombres en el campo

El silencio profundo de sus palabras con el azadón en la mano

Abriendo inocentes surcos en el virginal vientre de la patria

Para dejar la semilla del vegetal y el pensamiento

Un día serán el alimento que procreen los sueños

 

Detrás las ventanas, aún quedan niños en el pueblo

Jugueteando con los perros, con una vara y un hueso

Lejos están del mundo, del que esclaviza y enajena

Talvez al final del día, sus ojos ingenuos no se pierdan

Y otra vez a la mañana baten sus alas en las montañas

Para llenarnos de aliento, para que venzamos el miedo

La memoria que se estremece, recordando el mundo

Cuando era eso.