Rafael Blanco López

El dolor que queda

El viejo campanario ha sonado, tal vez resignado, en últimos suspiros; palpitante, se lleva otra noche que se acaba, bajo el yugo incandescente del dolor ajeno.

 

Hay suspiros que reclaman claridades, y las cadenas no se rompen ni se aplacan, mas no importa si la tarde maravilla, pues el gris ocre se destaca en realidades.

 

Ya no se habla de lunas y colores, y el jarrón de bellas flores se antoja misterioso, la pálida luz se queda y recorre los rincones, bajo el cristal que refleja los pesares.

 

El viejo campanario ha sonado, en esta noche triste de dolor ajeno.

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Rafael Blanco López 

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