Antonio Bencomo

Bienaventurados.

Estaba en la mañana orando la viejita

el silencio corría y gritaba en la ermita

 

al Cristo aquel Nazareno le decía

quien clavo filosos clavos aquel triste día

de quien fue la mano que tu piel desgarraría

tan duros los clavos que no se sueltan todavía.

 

y aquel Cristo dijo,aun no los he quitado

eso en el mundo le toca a los que he amado

 

la viejita rezó así para que se permita

al humilde,al manso,al pobre ,darle esa alegría

y que eternamente gozen los Bienaventurados.