Eisenheim

PrĂ­stino

Helo aquí

vulnerable al inclemente látigo del verdugo

que quema su carne y evapora su sangre

víctima del rey que todo lo ve

 

Helo aquí

cobijado por el manto indiferente

por el océano profundo de infinitos testigos

susurrando sobre su insignificancia

sobre su mortalidad efímera,

su lugar en el tiempo

 

Helo aquí

trascendido al infinito

sin norte ni sur, sin parto ni sepulcro

eterno en esencia y de consciencia fugaz

esperando sin prisa

el fin de otro ciclo