Dayanara Mondragon

Sombra sin color

Sombra sin color

 

Tantas veces sentí tu presencia estrangular mi alma

que una sola razón confundía mi luna y mi sol,

cobijé de lleno la locura compuesta por estereotipos

de azules, rosas, naranjas y uno que otro bicolor.

 

Puedo deducir que fue la paranoia,

la que alimentaba mi psique y mi corazón,

fui perdiendo las horas y los días,

nunca gane nada ni en la hora de tres por dos;

todo o nada, siempre fue la solución

y por querer tenerlo todo, nada,

nada entre las manos me quedo.

 

Tantas veces fuiste mi verdugo, mi santo y mi sanador,

que me aplique a tonos pasteles y exceso de decoración,

y después borrabas mis lágrimas con tu color;

un color diluido en las sombras y en las horas

que más te anhelaba, pero con muy mala tu intención.

 

A veces fuiste tantas sombras y días grises,

que no puedo recordar ahora ni quien soy,

me perdí de ti y de mí,

malgasté mi única paleta de verdadero color,

la que daba vida a mis fantasías,

la que asumía riesgos y evitaba protección,

la que ansiaba con ganas una hora más

de día o de noche, pero una hora a solas por amor;

ese amor que ahora, acumula recuerdos por dolor,

y pierde el apetito, las ganas y hasta la voz.

 

Fuiste tantas veces mi sin razón,

que bastaba me dirás cualquier color,

no importaba el tono, ni la frecuencia,

ni siquiera observaba si brillaba o no,

era tu color, más bien tu sombra,

la que nunca me reconoció,

la que jugaba con mis ganas y mi corazón,

la que ponía la rutina y no le daba ningún valor

a los colores tan vivos, tan brillantes

que tenía en mi interior, que vivían en mí,

que me hacían reír, cantar, saltar

y no había una sola gota gris en mi interior.

 

Tantas veces fuiste quien pintaba mi día a día,

inadvertidamente pase por alto lo que ya sabía,

que sólo eras sombra, que no tenías color,

que por más que te encubrieras

de azules, rosas, naranjas o bicolor;

siempre serás tan sicalíptico, tan porfiado, tan austero,

que cualquiera te gana con un sólo color.