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Anabell López Rodríguez

Mi hijo.

A mi hijo le fascina el basket, sueña con ser como Michael Jordan, hace ejercicios hasta el cansancio. Su hobby es crear juegos en la computadora, disfruta como nadie ver series y películas. Cultiva su cuerpo y su intelecto. Se pierde en batallas interminables de ajedrez con su papá. Es el primero en levantarse todas las mañanas porque su adicción es llegar temprano a la escuela. Pocas veces me pide ayuda con sus tareas porque es capaz de resolver sus problemas por si mismo. Sueña con ser muy alto (2.11 metros es su medida ideal) y disfruta mucho el echo de que ya me lleva unos centímetros. Hace pesas conmigo y me levanta por sorpresa. No le gustan los dulces, o al menos no todos, prefiere el pan, la pizza, los pellys de ajo y las cosas saladas. Su comida favorita es la que yo cocino, sea lo que sea. Mi hijo no es inexpresivo pero es bastante reservado, pero cuando ríe lo hace con la boca bien abierta a carcajadas y cuando abraza lo hace con toda su fuerza. No miente, no grita, eso sí, es bastante contestón, porque siempre tiene que tener la última palabra. Es noble, aunque egoísta y un poco tacaño, pero posee una sensibilidad infinita que esconde detrás de una personalidad dura como un bloque de hielo, si necesitas abrazos y besos pídele sin pena, que no tendrá reparos en acurrucarse en tu cuello como un gato, pero si lo que necesitas es dinero, ahí no hay arreglo posible, no cede. Le apasionan todos los animales pero siente predilección por los perros, le inspiran mucha ternura. Es un chico que no viste a la moda porque él se inventa la suya propia. No le presta atención a las opiniones de los demás porque está muy seguro de sí mismo y jamás lo he visto tener algún complejo físico. Es innegable que es muy competitivo en todo y le gusta ser el mejor, es muy mal perdedor y si no te derrota a la primera siempre querrá la revancha.

Mi hijo no es raro, solo es diferente, no le gusta la música pero silba melodías perfectamente, no le gustan las fiestas, es muy conservador de su espacio y su tranquilidad. 

O quizás es un poco raro ,dice buenos días, perdón, permiso como si no perteneciera a estos tiempos, como salido de un mundo paralelo. Mi hijo es único, porque a pesar de un vínculo afectivo estupendo, me dice MADRE con respeto, como las personas de antes y rara vez me llama Mamá.

 

Mi hijo es especial porque no se parece a nadie, el vive a su aire, sin presiones de la sociedad. No tengo decepciones de él porque nunca lo he cargado con espectativas o con mis sueños frustrados, ni menos con imposiciones. Simplemente voy caminando a su lado, compartiendo su historia, sin robarle su protagonismo, lo dejo elegir, fluir, vivir, ser.

Tiene todo lo que tenía que tener, un corazón que no le cabe en el pecho. Es un ser humano espectacular, con luces y sombras, como todo ser humano, ya irá aprendiendo cual apagar y cual hacer brillar con más fuerza.