El gorjeo del crepúsculo tiñe en mi memoria la muda sonoridad de la luna.
La mordaza en la boca del viento forja un fantasma silente que sacude las hojas de los árboles.
Gigantes desnudos despiden a cada atardecer que va muriendo junto a mis suspiros.
La piel lacerada de una virgen tendida en las cumbres me estremece.
La virgen con su cuerpo formó las montañas que me circundan.
Las montañas son lienzos verdes sobrepuestos sobre los senos y el vientre de la gitana.
Derramaré mis semillas dentro del suelo fértil y gritará la virgen porque los postreros rayos del sol quemarán con sutiles palmadas a las praderas excitadas.