Elizabeth Maldonado Manzanero

...Que aprendamos a convivir sin fronteras, como la naturaleza que por doquier se extiende…

Desgraciada yo, desgraciado sol 

que me aniquila los anhelos

me marchita la carne adolescente y se adolece

me falta la sombra de la caridad que mengue

mi desasosiego, mi falta de provisiones

y cubra lo infeliz que he sido.

Soy un mísero bicho que deambula

entre calles y miradas indolentes

sin sombra, ni cobijo, se disipa mi fe.

Huye despavorida de mi ser la esperanza. 

Soy la infeliz descalza que deambula mundo

y andrajosa voy con prendas raídas de amor

me encuentras sin buscarme en cada esquina,

la mugre adherida es mi mayor prenda,

a veces mi alimento pues de los desperdicios

los que tiras o caen de tu mesa alimentan mi día.

Mi desesperada calma se duplica

y mientras para ti no existo, para mí,

desearía no existir o que no existiera mi codicia

que finalmente el frío congelara mi conciencia

y sin en cambio es mi cubierto para devorar

otra noche la tristeza de saberme vivo.

A veces me consuela otro hombre gusano

él más mísero y desgraciado que jamás 

de bien alguno ha gozado o aquel otro

que quedo por la noche penetrado

esos para quien su mal ya está calmado

para quien no habrá hambre eterna que saciar,

y sin embargo, maldecir puedo mi entorno,

aún hay resquemor de encontrarme

cara a cara con la equitativa muerte

y me arrastro perenne entre la vida.