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Ehur Ohr

Madre querida...

Me fui a buscarte en el silencio,

en la hosca realidad que nos separa,

me fui absorto y distraído,

intentando entender nuestro destino.

Viaje en el tiempo…

en la nave del olvido.

Me puse un antifaz de valeroso...

y recorrí por los recuerdos tormentosos

sin hallar más respuesta que impotencia.

Allá me fui,

me perdí en el pasado oscuro y triste...

y lloré desconsolado.

Más de pronto…

entre las sombras de la ausencia más extrema,

del más cruel alejamiento,

de la distancia inexacta y desvalida,

desde ahí te vi llegar con tu luz renovadora.

Tu figura luminosa apareció de entre las penas,

sonrió ligeramente a mi ser tan desconfiado,

me tocó tu caricia inmaculada…

Y lleno de paz mi corazón tan lastimado...

por las huellas del calvario de tu muerte.

Al mirarte enmudecieron mis enojos,

me vi por un momento indefenso,

abandonado…

algo así como perdido.

Pero tú me tomaste de la mano…

y sentí los latidos de tu amor nuevamente reanimarme.

Poco a poco se apartó mi corazón del dolor por tu partida...

y mi faz se llenó de un instante de algazara,

pues tu amor se hizo en mí…otra vez y con más fuerza.

Te espere…

y estoy aquí…

como feliz…

vine aquí junto a ti…Madre querida.