Ellie Woonlon

Al doloroso amor

Al amor opaco,

que profesabas,

y servías del canasto,

a los álamos de tu senda.

 


A ese amor que por grisáceo,

febril, terco y engreído;

que por mínimo que fue,

de terco y opaco teñido,

por vencido se dio como ves;

al paco, en el gris,

de tus pupilas sin vida,

y al espíritu, en gélido viento,

sin un cuerpo que lo reclame,

porque le ha perdido.

 


Al dolor clandestino,

que en diálogos te disfraza de maldiciente;

a ese finito, que al vicio atañe,

y en las venas funde somníferos,

como si te cantara para dormir,

con sutileza diurna,

cruel y mortífero.

 


¡No más digo!

Que si no se distrae,

que si vivo te toma,

por sorpresa o durmiendo,

bajo los laureles del domingo,

 


¡No más digo!

Que el corredor más digno,

no es el que llega a la meta,

sino, quien por vencido,

no se dio, y tomó cuenta,

de que a la vuelta,

podía seguir mirando un cielo,

sin ser parte de él.

 


¡Que no más te digo!

De que si eres terco,

y un día te vuelves opaco,

o sufriendo, te haces el engreído;

no más digo,

que te tomo la palabra,

el  lamento que nunca salió,

de ti a la luz del sonido,

y sin más te digo,

que te perdono.