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Ehur Ohr

Que no quede nada...

Tome la decisión de irme lejos,
de volver a casa…
a la vieja morada de mi infancia,
allá donde nacen los sueños,
donde el amor palpita…
generoso y veraz…
espontáneo y libre.
Me vine sin pensarlo,
rumbo a mi pasado.
Regrese a mi silencio.
Agarré por el sendero angosto
por donde no debí emigrar.
Empaque mi corazón herido…
y esta alma desanimada,
abatida por los años perdidos en el desamor,
descorazonada y triste de impotencia…
a consecuencia de tu ausencia,
deprimida por la fuerza de las penas recogidas…
en los campos del despecho.
Me embarque sin pensar en esta huida…
con dos maletas repletas,
la una, llena de ilusiones sin estrenar,
y la otra completa de sueños rotos,
con unos cuantos poemas arrepentidos…
desilusionados,
un par de “te quieros” desengañados,
un “te amo” intacto…
ignorado…
anónimo…
escéptico de su real motivo.
Y me vine aquí…
con mis bolsillos vacíos,
con enormes agujeros de tristezas,
después de una larga travesía de espejismos…
a refugiar los pedazos de mi sentimiento iluso…
aquí en esta soledad,
en mi desierto,
al rincón más extremo del encono.
Me vine a guardarme para siempre,
a sellar las puertas de las fantasías….
y a extinguir las cenizas que aun calentaban mis quimeras.
Me vine a cancelar las ilusiones que inventaba.
Que no quede nada,
nada de usted…
ni de sus mentiras.