Ron Alphonso

Quiero que sepas que...

Quiero que sepas que...

Desde el primer dia que conocí de ti, me llamó la atención tu ser interior, me enamoró tu esencia, tu libertad.

No acostumbro a esconder mis sentimientos, advirtiendo que por encima de todo, siempre está el respeto por el ser humano, sin importar quien sea, que haga o como viva.

Amo entrañáblemente a mi gente, a quienes me regalan su compañía de manera sincera y libre.

Aprendí con tristezas, que entre mas humilde sea la persona, más merece mi respeto y cariño, jamás mi lástima, esa... ni yo la necesito.

Cobijo, acojo, protejo, cuido a quien está conmigo, jamás vigilo. Cada uno es libre; sin embargo, escucho y si se me permite, doy mi punto de vista, que no consejo, siempre faltarán argumentos para aconsejar.

Entre la soledad y el dolor me enseñaron a curar mis heridas, como el lobo que jamás se muestra débil y herido se retira a su oscura cueva, se lame, sana y cuando su pelaje vuelve a brillar, sale y aulla fuerte para que el mundo sepa que está de regreso.

Que nadie nos vea en pérdida.

Después y para fortalecerme a futuro, busco un buen amigo que sepa escuchar y le comparto mis cuitas, me desahogo y paso la experiencia a: lo que no puedo repetir.

No soy de venganzas, ni reproches, no tomo decisiones con la cabeza caliente, reflexiono y re pienso, porque no suelo retractarme una vez decido.

No me desgasto perdonando, porque no creo que alguien hiera sin querer, entonces la intención me confirma, la falta del amor que a mi me sobró para callar y no responder a sus ofensas.

Disculpo un mal comportamiento, a veces es inevitable tenerlo, pero no es consciente, vale otra oportunidad.

Una ofensa, hiere el alma, nos hace pasar momentos horribles, da punto final a nobles sentimientos.

Un mal comportamiento nos enoja, a veces nos desilusiona, pero el amor no desaparece, solo es un mecanismo de defensa, entendible, soportable, disculpable.

Por mi culpa, se que has pasado malos momentos, quizá has derramado lágrimas, pensarlo me atormenta, me enoja, eres demasiado especial para mi.

Muy pocas veces confieso mis sentimientos íntimos a otras personas, pero los que tengo por ti, no los callo a nadie; solo la sensatez que el respeto a tu enigmática existencia obliga, impide que lo grite, no sabes el nudo que se hace en mi garganta al decir que eres mi mujer ideal, la broma mas pesada de Dios a mi vida.                                                 

Te trajo tarde y te puso bien lejos, me permitió saber de ti, amarte como te amo y me dejó sin la tibieza de un simple abrazo, que para mi hubiera sido la felicidad eterna. 

No pierdo la fé de volver a hallarte en algún mundo futuro y sembrar vida en ti, mantenerte adherida a mi piel y desechar por siempre eso que llaman tristeza y que tanto ha maltratado mi vida.

Te amo y saber que en algún momento tu pensamiento se detiene en mi, me da la certeza que no pasé en balde por este mundo.

Gracias, mi amor, por todo lo que representas en mi vida, gracias por darme, no el amor que tienes, sino el que yo necesitaba.

Hasta el último suspiro de mi vida estaré musitando tu nombre, mientras un poco de mi se queda contigo y todo de ti se va conmigo.

Necesitaba decirlo, antes de irme...

 

Ron Alphonso

Noviembre 2020