//www.poemas-del-alma.com/

Antero

-- Dios --

 

 

Si crees en Dios y tus creencias son como puertas cerradas, no sigas. Es posible que lo que digo te parezca una insolencia.

 

Si no crees en Dios y todo lo dejas en manos de las circunstancias, no sigas, es posible que lo que digo te parezca producto de la ignorancia.

 

Y si lo buscas y no lo encuentras, tal vez lo que digo te de una idea de que alguien como tú, -así fui yo-, pudo ver la luz a través de su conciencia.

 

 

Seguramente la vida sería aún más triste si pienso que no existe el Dios que me asiste en los momentos donde mi corazón se siente amenazado por lo incierto de un futuro que, con su espesa niebla, a veces, me impide ver la luz de la esperanza.

 

Creer en Dios sin intermediarios -léase comisionistas- es una opción por la cual se inclina mi corazón atemorizado.

 

Mis palabras son el resultado de una inquietud curiosa, una búsqueda. Vienen de un lugar llamado pasado que tiene un lugar muy bien definido en mi vida. No es que no pueda poner barreras y controlar las emociones y, a través de ese control modular las palabras, es que, sin intermediarios, no puedo negar una realidad de Dios.

 

Creo, pero no necesito un guía/comisionista que me lleve de la mano hacia un lugar que me temo oscuro, lleno de siniestros secretos. Más que posible nido de alcahuetes, chantajistas y más que seguro corruptos/manipuladores/violadores, salvo excepciones que, casi seguro las hay.

 

Aun en ese supuesto sobre las excepciones, prefiero caminar solo con la fe que me invento sin necesidad de ningún bastón, referencia al ciego que lo utiliza, más, como guardián de una conciencia que no admite desobediencia, que, para evitar tropiezos.

 

Mi Dios, que no tiene rostro y su voz es amor, a veces se me aparece con silueta y voz de mujer. 

 

Dios es mi conciencia en estado puro. De mi interior, es el estímulo y, la ventana por donde miran mis actos, su espejo.

 

Dios viene en mi ayuda cuando oscurece la luz de mi conciencia y me siento perdido, me ilumina el presente y hace que pueda ver el camino que llega hasta las puertas de un futuro.

 

Mi Dios no es la receta mágica que alivia todos mis males, Él me da los ingredientes y la forma de cocinarlos, depende de mí respetar los tiempos y hacer un uso correcto de las cantidades.

 

Dios no es un elixir mágico que todo lo cura, Él es la copa donde puedo beber cuando la sed hace que mis fuerzas se resientan. La fe, su contenido: mi conciencia, Él.

 

Mi Dios es la sombra de la higuera, la palabra certera, la voz silenciosa, el cielo inmenso, la belleza suprema. Y en mi caminar a ciegas, la claridad misma.

 

Dios vino a mi sin rémoras ni dudas. En esa pura soledad sin mancha, me tendió la mano y comprendí que, sin intermediarios, es posible vivir la experiencia de su amor en toda su grandeza.

 

 

Mar y desierto,

que incierto mi caminar

que confuso mi navegar

sin acopio de sustento

sin agua: Fe y esperanza.

En uno, me muero de sed

en el otro, no la puedo beber.

 

Y soñaba que había un mañana

lo vio despertar en sueño,

y a lo lejos, una cara

una sonrisa difusa, niebla

que eran dudas, dudas,

y temores…, ¿eres la vida?

pregunté sin certeza

y la sonrisa se alejaba,

la niebla se volvía espesa

en la distancia quedaba

una pregunta colgada

 

Sin fe, estaba sin agua

y la esperanza, salada.

La sombra de la higuera

una conciencia dormida.

En la niebla, una mirada

luz que nunca se apaga,

era Dios que lo esperaba

con su infinita paciencia.

 

///

 

Con todo, no dejo de pensar a quién le puede interesar lo que digo. Y, sin precisar reconocimiento, pidiendo perdón si alguien se siente ofendido, si al menos la suave brisa de la indulgencia rozara mis palabras, será esta como una caricia impregnada de sutil aroma que, con delicadeza, perfuma y cura.