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LUZ MARINA MENDEZ CARRILLO

LAS LLAVES DE MI ALMA

 

 

 

*

 

 

Ahora,  que la soledad pesa en mi espíritu, decidí caminar a la cima de la alta montaña.  Allí, cerca de la hermosa flor de jade, enterré, sin la mínima conmiseración, el amor que por ti sentía.

 

¡Sola y en  amarga penumbra,  medí el dolor de  mis angustias!

 

Imaginaba el amargo regresar  con la garganta seca y los labios ajados.   ¡Pero qué va!   EL hilo azul de mi destino señalaba eslabones desconocidos.

 

Retirando los arbustos del camino y  sin mirar atrás, muy cerca, divisé un sendero distinto.  Y  entonces…

 

¡La liviandad del alma hizo mi  cuerpo de seda

Una rosa  floreció   en mis labios

Y de  mis delicados pechos,  brotaron pétalos!

 

De pronto, el palpitar de mi corazón se hizo un nudo. La gracia de tu  sonrisa y  hermosos ojos verdes silenciaron mi dolor e hicieron brotar  en lo profundo de mi ser, la divina gota de la esperanza.

 

Quise tocarte y un sentimiento me envolvió.  Miedo a los recuerdos, miedo a la decepción.   A ese dolor que acababa de  sepultar.

 

¡Mi fortaleza se había resquebrajado

Y de tristeza adoleció éste corazón!

 

Y tú,  deteniendo la pócima venenosa que ahogaba mi garganta,  abriste las palmas de tus manos abrazando mi cuerpo, secando  mis lágrimas. E ipso facto,  depositaste  dentro de tu corazón, las llaves de mi alma rota, de mi alma hecha pedazos.

 

 

* Imagen tomada del muro de Islam Gamal.

 

Luz Marina Méndez Carrillo/ 07112020/ Derechos de autor reservados