Expansiva se abría, y yo miraba encantado, más claro: hechizado, se le caía la ropa y se le veía la carne rosa lista para el beso. Crecía, crecía siempre su cuerpo, y yo me quedaba cada vez más pequeño, pero encontraríamos la forma de amarnos. Como una hormiga le haría cosquiyas yo, y eya como una diosa me daría la vida
Ascensión vertiginosa relampagueando
rayos en la luz de un atardecer aguado
Y el vuelo se bifurca
pensando en sentir
muchas ventiscas en una
noche con su trajín
de estrellas bailarinas y sombras
que tejen sin fin
instantes como eslabones, olas,
unas tras otras
subiendo todas juntas y tan solas
al cielo gris
La deslumbrante corona del día
cae de las nubes y aviva los colores
Se presiente el trajín de la noche,
la caída del imperial paradigma,
y luz blanca retumbando en la sima,
donde despierta una ligera brisa
que viene y acaricia cada brote
de vida, impregna la conciencia
en sí misma, y la desvela completa
Es un instante memorablemente ajeno al tiempo,
una fusión de diferentes realidades en un solo espejo,
caos y cosmos, nada y todo convergen sus reflejos
como dos cabos sueltos en un nudo prieto,
en un mundo medio, en un punto que es centro
de todo el universo, cuyo lucimiento secreto,
aquel jardín primigenio es este mundo de aquí, sin el velo
Enlodada y gris la calle
donde para la paloma blanca
Hay una multitud de detalles
que escapan al sonar una palmada
Grietas en la piedra húmeda,
huecos donde arraiga la tristeza,
suelos duros como la barrera
que multiplica al uno único
Originalmente rodó una lágrima
surcando un arenal de luz dorada,
y un poco más cerca del núcleo
fluía el día hacia el vacío oscuro
Y devino un amanecer lunar,
caía agua de los ojos de las gárgolas,
y una rota campanada exhortó a los demonios
a salvar del mal a los perniciosos devotos
Es la muerte que juzga los actos imberbes,
siempre en su náusea, embriagándolos
mientras recita el acertijo de la vida
Pacíficamente discrepo de los dogmas,
de la ortodoxia imperante y retrógrada
Ellos demarcan sus patrones obtusos
para el uso insano de los humanos estúpidos
Pero quizás me confundo hondo buscando
un pedazo de razón entre todo este caos
Y vago solitario, noctámbulo, ensimismado
en mi mundo interior con intención de asimilarlo,
cuando en sí representa el misterio absoluto,
la red más intrincada, infinitamente acotada
con cada mirada que se ata al yugo
negándose al enlace que la desplace hacia
la propia alma impersonal, eterna incógnita,
mera en forma de original idea que discrepa del dogma
Indiferencia imparcial al amar la nada abyecta
presenta una fuerza inmutable, una forma perfecta,
flotante, boyante, y vuela sobre la sangre negra
que cae letal de las estrellas esta tarde fuera...
Condiciones inoperantes desde antes desemplean
la razón que aún mi corazón sustenta básicamente
con empecinada paciencia, y después reverencias
al sacrosanto cielo sin velo, blanco transparente...
Vuelve la consciencia a perderse entre el verde,
desbaratada como la corriente helada en la frente
fomentando la subversión de su versión más débil
ante la molicie y la malicia febril por la intemperie...
Simple es saber encenderse y crecer bien
como todo nutrido de un vivo suspiro siempre
afrodisiaco, bajo el fulgor del ojo onírico, solsticio
insuperable, sostenido sobre el filo de un sable
equilibrio, praxis de la catarsis, éxtasis infinito...
Al lomo de mi libélula haré alunizaje en tu tatuaje,
luego bajaré a ver el fuego que te traes fijo
escondido en alguna parte de tu cuerpo, un arte
inédito, intrigante misterio, un universo distinto...
El tiempo es duda, negado acceso
al cielo, es lluvia, es deseo, y es
lento proceso, encadenamiento a un peso,
es sombra, es luz, es beso y es muerto,
es cruz, es yelmo, es amor y también
es sueño, pero el tiempo es duro,
severo, ceñudo, justo, y perverso,
oscuro y buen compañero, silencio y sonido,
eco, el ladrido del perro, el grito del parto,
la pala del entierro, el velo del santo,
el canto del viento, el encanto de ella,
el mar y las estrellas, la belleza
que alberga la tierra, el tiempo
es de aquel que yerra, con el alma yena
de flores, de amores, de ideales,
de verdades y ficciones, el tiempo
es de dios, de los dioses, el tiempo
es de todos, el tiempo es negocio y es ocio,
es acierto y error, llanto y orgasmo,
es la voz de los astros, el orden sagrado
y el caos de los diablos, es todo o es nada
según el ángulo, rápido o parado,
fluido o estancado, pobre o adinerado,
feliz o triste, letanía o chiste
pero en realidad el tiempo es duda,
la verdad: no sé si existe...
El amor proyecta figuras en un fondo oscuro,
luces que danzan abrazadas a un espíritu libertino.
Escucho ese oleaje imaginario conmovido como uno
que permanece herméticamente abierto al discretísimo
camino ondulante, de fin presumiblemente inalcanzable;
secreto que profundizar durante mis ingrávidas vigilias,
cuando el magnetismo de la noche me atrae
hacia sus labios, deseándolos, anhelando besarlos...
Pero... cuánta distancia! La mar amarga y abrasiva...,
y esta fría inmensidad infinita, este extático letargo
que me suscita el sentirla como ausencia, como paraíso
tan lejano como esquivo es su cuerpo, el cuerpo amado,
escurriéndoseme en ardientes gotas más abajo del ombligo...
Y entretanto juego lascivo demorado en recuerdos
que fueron olvido; excitante paroxismo de mi sufrimiento,
absorbente espiral en mitad de mí mismo.
Intemperie adonde derivo entonces: al borde del delirio...
Luces oscuras inundaron la blanca tierra
como fuerzas que recuerdan arcanas leyendas
Cayeron presuntas preguntas y respuestas
en inconexas cadenas o partituras trémulas
mientras prisas trepidantes mandaban afuera
las risas hermitañas mediante agudas señas
indicando la cabeza del niño que sueña
con la belleza maestra tras la materia muerta
Tenuemente vislumbra a la mente retroceder
através de un agujero en la pared
Lluvia de fuego entre versos de nieve
y miel empapando el tan lento vaivén
del péndulo del medium que lo sostiene
sobre el vértice ignoto de la mente
que los ojos tal vez jamás podrán ver
La ceguera es severa para los autómatas
arrogantes y pendencieros de mala boca
Abocado a la negación del pronóstico normal
concedo tiempo por sobrada soledad
cuando monto yo solo mi castillo aéreo
y atino al centro del miedo así ardiendo
Concordé los desenlaces más bonitos
y el atroz desgaste que sufríamos
hundí en cieno empozado hasta ahogarlo
Entonces vi el destino correr al lado contrario
con tanto escándalo chocando metales
antes de acabar como charco evaporándose
y cubriendo el cielo de un velo opaco
que se quitó temprano, derramó el vaso
sobre los caminos alternativos, veloces,
donde oscuras luces caen de golpe
para revivir como un fenómeno espontáneo
en tu mirada fugaz de astro remoto,
montaña que yo ya pronto remonto,
desvelo de ensueño, o beso amoroso
que me mantiene despierto el corazón