(de Ángeles Sodomizados, 2012)
Nada me aterra más
que la mano de una niña
rebuscando entre mis vísceras a Dios.
Yo tenía un romance con querubines
a los que penetraba cuarenta veces en un día.
Un solo cuerpo con dos cabezas
¿es suficiente?
He aquí la victoria:
mujer agonizante, incolora y desértica;
su nombre es Catástrofe.
[Los hijos detrás de la sangre]
Adoptando el color necesario:
cetáceos, anfibios, cuadrúpedos.
Levantemos la piel, sacudamos el disfraz.
Yo tenía un ángel polifónico
al que besé y amé debajo de los manzanos.
Un solo cuerpo con dos cabezas
no era suficiente.
Yo quería más, asesino-víctima.
Para que nos serviría la historia,
lo heleno, lo bárbaro, lo latino:
también reposa el silencio
en la sabiduría glacial del cobalto.
¿Cuál es el acto reparador
de ese NO que mancha las manos?
¿la cruz?
¿la cicuta?
o
¿la poesía?