EHUR OHR

Adios amigo mio...

No he podido todavía asimilar lo sucedido,

sobrevino tan de pronto.

Fue brutal y repentino,

no hubo tiempo de pensar.

El dolor se hizo grito de repente,

un puñal abrió mi pecho sin piedad…

y pensé morir también ese momento,

pues la angustia arraso por todos lados.

Nunca estuve preparado para el cruel desenlace de tu adiós,

pareciera que estos dramas no acontecen con frecuencia.

Fue un instante totalmente inesperado…

inoportuno.

Yo creí que estarías junto a mí toda la vida,

nos faltaba todavía conquistar el universo.

Nuestros planes han quedado fragmentados,

nuestros sueños inconclusos.

La mirada desvariando

se ha perdido en cada imagen que recuerdo…

tu y yo y nuestra historia.

Fueron días imborrables,

disfrute cada instante de tu sabia compañía.

Fueron horas de alegría,

aunque hubieron de las otras,

días grises de lamentos…

de despechos.

Pero tú y tu fortaleza levantaban mi cabeza.

Nos hicimos muy amigos…

lo recuerdas?

Compartiste junto a mí la locura de inventar un mundo nuevo…

y ahora qué hago?...

dime qué hago?…

si he caído en un abismo de tristezas.

Veo todo mi contexto en blanco y negro,

los colores se mandaron a mudar con tu partida,

te llevaste la sonrisa de mi rostro,

y ese brillo de mis ojos hoy se inunda de nostalgia.

Llueve afuera…

hay tormenta,

llora el cielo inconsolable,

más parece que acompaña a esta ágora de muerte.

Lloro yo como cual niño…

ese niño que tomado de tu mano se sentía más seguro.

Aún recuerdo cuando tú me confortabas.

Tengo ganas de un abrazo…

de un estrujón amigo mío.

Hoy la luz se hizo sombra,

y mi alma siente un frio que congela…

paraliza los sentidos.

He dejado de creer en casi todo,

mis latidos se hacen lentos,

todo es lánguido y opaco,

un paisaje extenuado por querer recomponerlo,

ya no hay nada que me abrigue.

Tú te vas…

y yo me rindo,

el dolor pudo más,

tu partida va acabando mi cordura.

No me dejes todavía…

padre mío…

amigo mío,

no te vayas que quedaron inconclusas un montón de travesuras.

No era el tiempo de un adiós,

yo tenían tantos planes…

y tú esas ganas de vivir inquebrantables.

Ahí estas como dormido…

tú descansas en la paz de tu semblante…

y me conformo…

Una luz nos ilumina y me consuela.

Sé que es irremediable esa urgencia de tu viaje,

partirás hacia lo eterno…

y lo comprendo.

El buen Dios te llamó para tu alivio.

Mi dolor se ha resignado ante el cruel hecho.

Ahora entiendo…

te veré en lo inmortal algún momento.

Te prometo…

mientras dura este tiempo del reencuentro…

añorarte en la sonrisa,

en la bondad de tus consejos,

y en la cálida caricia de tus manos protectoras.

Hasta siempre amigo mío…

Padre mío,

me has dejado un gran vacío en el alma.

Ya descansas…

tu guitarra hoy será mi compañía.