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Mina Molina

Eramos uno.

Y me borre en su sonrisa y aquellos ojos dormilones en mi cercanía. Me descubrí desnuda ardiendo en primavera, eramos uno, él con su firmeza y yo una flor en su máximo ápogeo... Entonces el silencio nos cubrió con un beso calido y aún ardiente. Entrelazados como enredadera de un árbol antaño, nos seguía la raíz de las sábanas que sujetaban nuestros pies, sin incomodar, al contrario, era el abrigo de nuestro despertar que no se deseaba ver. Eramos uno, su cuerpo y mi piel.