Joel Torres

CONTEMPLACIONES

No nos mintamos, compañeros,

ni vistamos de seda la ausencia de los hermanos.

Que el tiempo no sea ese escultor ciego

que nos labre el rostro con el filo del desgano;

soltemos la coartada, ese escudo de vidrio,

y los \"peros\" que son musgo entre nuestras manos.

Han caído tres quinquenios, como hojas de acero,

sobre aquel llanto que juró ser un \"hasta luego\".

Hoy somos archipiélagos de una misma herida,

náufragos de un incendio que se volvió cenizas y ruego;

nos miramos de lejos, como naves extrañas,

mientras el eco del pasado se vuelve sordo y ciego.

Volvamos la vista a la estela de los maestros,

raíces de un árbol que hoy negamos con el viento.

No los juzguemos por el yerro ligero del hombre,

pues su luz nos sostuvo en el antiguo cimiento;

no alcanzan las grafías de este lenguaje moderno

para explicar la orfandad de nuestro sentimiento.

No basta el rito vacío de encontrarnos,

ese abrazo que es solo un puente quebrado y desierto,

para luego huir de nuevo a la celda del ego,

olvidando que fuisteis mi único puerto.

Éramos un núcleo, un metal forjado en la fragua,

un fraterno latido que hoy yace casi muerto.

No nos dañemos con el olvido

ni el ceño fruncido de logros pasajeros,

que la gloria es un humo que el viento desprecia

y el éxito, un brillo de cristales rastreros.

Quizás mañana el azar nos devuelva el camino,

pero el alma requiere más que cruzar los senderos.

No sea que al final, cuando el sol se retire,

descubramos que el oro era solo un lamento,

y que la única verdad que valía la pena

era el pan compartido y el núcleo de aquel momento.

 

© El Yarawix