Alfredo Daniel Lopez

Escribir por escribir LXXXV

 

Escribir por escribir LXXXV
\'El baúl de los pasos perdidos\'.

 

Se puso ese vestido color azul
aquel del encaje y los hombros desnudos,
sacó del baúl de los pasos perdidos
el collar de nacar,
donde aún resonaba,
el ruido de las olas en la otrora playa.

 

El cielo despejado y limpio,
le dío valor de mirarse al espejo
mientras sus largos dedos ya viejos,
simulaban el razante vuelo del aguila
para caer,
sobre sus labios secos
y dejar que el carmín,
dibujase sombras
que acompañen el brillo
de esos ojos de zafiro,
testigos de mil y un mañanas...
mañanas que se han ido.

 

Su nieta la acompaña,
cree que se va a la fiesta del pueblo.
Sonriente le sujeta el espeso mientras le dice: \"Abuela estás muy bella\".


Ella agradece al amor de sus amores que es su nieta,
le sonríe y cuando acaba,
le da un beso el más tierno como jamás se le dió.
La nieta sorprendida por la fuerza de ese beso le dijo: \"Estás bien abuela\".
La abuela le contestó mientra sonreía y a su rubio cabello acariciaba:


\"Nunca he estado mejor hija mía, te has vuelto una bella y buena mujer... Ya mi tiempo está cumplido\".

 

La nieta se marchó,
con el sinsabor
de no haber entendido,
que le decía si abuela,
solo sabía que estaba realmente bella.

 

Aún tuvo tiempo de sonreir,
mientras se miraba la gargantilla
con que acompañar la soledad del momento,
y recordar los bailes de verano,
y recordar los besos con sabor a miel,
y recordar aquel amor primero
que para ella fue el verdadero.

 

Coqueta con la gargantilla
los aretes y la diadema, pensó:
El pino siempre vive de pié y contento
aunque muera poco a poco por dentro...se dijo a si misma;
y se sintió otra vez querida
y se sintió otra vez coqueta.

 

Feliz, lozana, radiante y fresca
aún joven y enamorada,
esperó la octogenaría
con la alegría del nuevo día,
que llegará la muerte a llevarla,
saboreando su feliz momento.

 

¡El Alpha y el Omega!
¡El principio y el fin!
Ella hoy muere, pero mañana
renacerá a una nueva vida.

 

La buena semilla siempre crece,
ni la roca, ni la mala hierba,
ni el ave que picotea la detiene.
La vida nace cada día
y poco a poco se va muriendo.

 

Con la risa en los labios
y la locura en sus ojos,
abrazó con fuerza a la muerte,
mientras en su interior exclamó
¡Gracias Dios por la vida!
¡Gracias Dios por el amor!

 

Un beso y una flor
Alfredo Daniel Lopez
29 - 08 - 2020
Barcelona España

 

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