(i)
Descansa el teléfono
de los suicidas embusteros
sobre tus muslos.
Tan fácil como alargar los dedos
y descolgarlo.
Intuir tu respiración entrecortada
al marcar los dígitos.
Desabrocharte la falda,
acoger el melocotón de tu vientre,
leve susurro inconsciente
que me desgarra.
Adicto a tu afónico jadeo.
Animal incombustible, inconfundible.
Ignición espontánea.