Merardo Sepulveda

OFICIO DE POETA

  OFICIO DE POETA

         

 

             I             

En la sangre del poeta vive un dios

que mueve la rueda del poema;

en el alma del poeta hay una alondra

que llora por el frío del invierno.

 

Vive en las venas del poeta

una golondrina que canta

anunciando primaveras

y a su canto brotan estrellas y rosas.

 

Hay en los ojos del poeta dos estrellas

que iluminan sus noches más oscuras

y en su boca vive un río

que mana incontenible

derribando todas las barreras.

 

En el pecho del poeta

se desgranan tempestades

y los huesos se hacen blandos

y el cabello se hace blanco, verde o tinto.

 

El poeta es instrumento

que canta

sueña

y baila

al ritmo que dictan los planetas.

 

 

           ­ II -                 

Qué el verso salga del alma

Puro y cristalino como el agua!

 

Mas es necesario que cante el manantial

que traiga la frescura de la greda profunda

que huela a raíces de peumos y boldos

que lo reconozca y aplaque con él su sed

hasta el alma más sencilla.

 

Yo huyo del concepto:

cascarón resplandeciente

hijo de pulir y de pulir

que brilla y brilla

pero es pobre en calor y en color.

La palabra natural

aún en bruto es bella

porque cual diamante que a la luz refulge

refleja en cada una de sus letras

la imagen de aquello que nos nombra.

 

El verso, cual palabra divina,

ha de ser vida

conjuro que despierte

y haga bailar hasta a los muertos,

alimento para el alma

consuelo del que llora

amparo al desvalido

bálsamo para la herida que sangra

grito vibrante

poco llanto y sí esperanza.

 

         ­  III  -

Yo quiero que en mi verso

galope el viento,

las olas del mar muelan las rocas

en su eterno molino.

Quiero que la poesía corra por las calles

como el viento

como el agua.

 

Quiero que cuando diga un verso

quede una semilla sembrada

en el alma del que escucha,

quede una nota vibrando

quede el corazón abierto

como una mano extendida

presta a estrechar al amigo.

 

Quiero que el verso acorte las distancias

que hable cualquier lengua

que el verso sea la esquina

en la que el hombre

se encuentre con el hombre

y puedan por fin abrazarse

al reconocerse hermanos.

 

¡El oficio del poeta

es pura luz!