Cuando el agobio y la rutina marchitan el alma…
la alegría enmudece de tanta ausencia
y la aurora se torna gris,
tanto que los ojos se acostumbran al monótono y sutil sin color de la neblina en la mañana.
Cuánta soledad el corazón encierra,
que en cada latir un sollozo esconde.
Al borde del llanto, en un suspiro exclama...:
¿quién se acordará de mí cuando me vaya?
Igual que la golondrina,
errante viajero, en otras tierras mi corazón te olvidó...
Y no regresé a tu balcón ni a tus cristales llamé.