Xabier Abando

Mujer, en la fuente de piedra

 


Con el típico pozal
de zinc y un viejo caldero
de cobre, enfundada en negro
vestido y con delantal,

 

quizá debajo una enagua,
esta mujer fue a la fuente,
para, en esos recipientes,
hacer acopio del agua,

 

que en su casa faltaría,
como sugiere esta estampa;
si crónica era la falta,
la escena habitual se haría.

 

Plateada cabellera
luce en su noble cabeza,
que, seguro, que la fuerza
que se requiere pondera,

 

como en la imagen se observa,
su bronceado antebrazo,
recio, de tanto trabajo,
apoyando está en la piedra,

 

la otra mano en ademán
de ir en busca de la llave
del grifo, que abrir es clave
para aumentar el caudal,

 

y cuando caldero y balde
casi hasta el borde estén llenos,
los llevará de regreso,
andando, la etxekoandre*

 

con marcha ahora cansina,
a su casa de labranza,
para la habitual usanza
en mesa, aseo y cocina.

 

Bien se adivina el amor
que esta mujer abnegada,
a su familia entregada.
pondría en cada labor.

 

Estos versos, que la hermosa
imagen, llena de encanto,
me inspira, quieren ser canto
a esta mujer laboriosa,

 

un símbolo de esta tierra,
la Euskalherria rural,
de su hogar piedra angular
que es, a la vez, dura y tierna,

 

que a mi a la amona materna,
más enjuta, más esbelta,
tal vez por la vestimenta,
vagamente me recuerda.

 

Trabajadora incansable,
desde la cuna a la fosa,
fue mi amona Sinforosa.
y aquí le rindo homenaje.

 

@ Xabier Abando, 14/07/202

(*) ama de casa, con el carácter que al concepto le imprime el matriarcado Vasco.