Miguel Ángel Cisneros

Nido

Aquellas ciudades al revés

son construidas lejos

del suelo y habitadas por

sus propios arquitectos.

 

Estos no usan un casco

amarillo, solo despliegan un velo

de este mismo color,

porque nada les caerá

desde arriba, pero corren

el riesgo de ser ellos

quienes se desprendan

del propio cielo.

 

Ciudades edificadas

con los despojos de

sus cimientos.

 

Metrópolis que se encuentran

más arriba de Dios, y que

parecen estar agarradas

de sus largas manos.

 

Sus calles son hechas

con el alquitrán de

aleteos en el aire.

La lluvia nace entre ellas

y, a veces, desciende

en complicidad con

plumas amarillas y negras.

 

Cuando las civilizaciones

comunes y corrientes

desaparecen en la atmósfera,

los gulungos se erigen

como dioses alados

de sus Atlántidas.