Alonso Moraga

Los buenos Sueños

A Hellen Blass...


I
Era la noche, noche cálida
y acogedora, abierta estaba
mi estancia al susurro de la cigarra
armoniosa —la cigarra del ensueño
divino, del amante eterno—;
la ventana de mi viejo estudio
abierta al susurro del viento;
hundidas las manos en las mejillas,
iluminada la frente por el viejo
lampadario, y rodeado de libros y papeles;
la mirada perdida
sobre las arrugadas hojas —mis poemas — tenía...
sobre el ocupado escritorio.


Era la noche cálida y acogedora,
bajo el reflejo ocre del viejo
lampadario —las manos
hundidas en las mejillas—,
a ti mis versos escribía...


II
Caminaba bajo el sol de estío
por el camino del amanecer
glorioso de abril radiante...
¡Oh despertar celeste
del día con el hálito de la primavera
sobre la estepa
mojada de los campos
míos, tu visión dulce
hizo aparecer el amor...!
—Ya te esperaba —le dije —,
eterna compañera.Y luego:
—Caminemos.
¡Amante eterna, el alma
de mis tierras florecidas
es tu alma; virgen mía
y compañera, caminemos
por las calles de la vida!