Ricardo Nanjari

Nido vacío, capítulo uno

Extiende las alas y vuela

con arrogancia frágil y asustadiza

sobre ramas en desequilibrio

la lombriz esconde su cabeza.

 

Uno se quedó y el invierno se hizo frío

el que asumió dolores y enseñanzas

la que abandonó una rama de otoño

el que cuidó y lloró los segundos

la que voló con el viento tibio

el que guió en la temida oscuridad

la que soñó con otros nidos

el que arropó en la seriedad

la que destapó un estruendoso piar

el que enfrentó los desvelos

la que aleteó en noches acaloradas

el que asumió silencios en movimiento

la que bebió hasta atragantar

el que recibió los olvidos

la que burló un destino

el que abrazó el suave sol de medio día

la que dejó su mancha en hombro ajeno

el que esperó que las alas estuvieran firmes

los que no entendieron el final.

 

Dejó de ser lo que fue

y todo regresó a fojas cero

una historia que se repite

en una misma inmóvil condición

divinamente injusta

de aves que emprenden el vuelo.