Marcos Reyes Fuentes

Detrás del Otoño

Sutilmente las ansias del cuerpo

Van cavando sus propios abismos

recordando el pavor de los cuervos

las mañanas azules, los trinos.

 

Estas horas que acaban mezcladas

como llanto en dos jarras de vino

son aún nada que llevan y abrigan

un desánimo ajeno

 

Conductores suicidas de sombras

en los palos que muelen al alma

no se duelen aún cuando les toca

o les diga -ya calma-

 

Sólo brotan a raudas pupilas

que se esconden de tristes miradas,

en el exilio siniestro que ordena

el olvido

 

¿Qué ha de ser mi corazón tan lejos?.

 

Marchitando el  intento de vida

ya no quiero sangrar más pasiones

he secado mi fuente de plata

de cristales, de piel, de martillo

de algodón, de sonrisa escarlata.