Kleber Exkart

Escondiéndose de la muerte

Presintiendo el ocaso de la humanidad

nos hemos atrincherado en los muros de nuestras casas

escondiéndonos de la muerte y su maldad.

La simplificación de la vida en el ARN de un inerte

por lo que nadie, nadie sabe a ciencia nuestra suerte.

 

Polvo somos y al polvo volveremos

es una sentencia que el ignominioso Coronavirus

no puede pulsar; franqueados

sobrevivimos sin saber si renaceremos

queriendo ser los de antes que nos contagiara el virus.

 

El resoplido de la muerte ha galopado apocalípticamente

de norte a sur y de este a oeste, yendo hasta los confines,

ignorando la valla de los vientos y mares subrepticiamente

poniendo de rodillas a humildes y serafines.

 

Los majestuosos palacios y sus naciones

no son mas que máscaras de muerte.

Sus habitantes reos de sus inacciones

donde habita la carcoma de su moral inerte.

 

El mundo ha quedado huérfano

de sus míticos dioses de barro.

El dios de este mundo ufano

los ha despojado de su aureola con un catarro.

 

Ha dónde van su elegías y plegarias

sus mantras y letanías.

Quién bebé la copa de ambrosía

de la sangre del mártir que muere en agonía.

 

No ha bastado la sabiduría de los galenos

para descifrar el misterio del diminuto

huésped en el torrente sanguíneo de los helenos

que con mortal neumonía hiere su vida en un minuto.

 

Sigiloso camina como un trotamundos

expandiéndose en cada exhalación de tos.

Llamarada de muerte que nos parte en dos

hay un antes y un después de los miles de muertos.