Hector Augusto Cuestas Venegas

Peón invisible

Peón invisible

 

 

Dos décadas después del siglo veinte

vivíase en un mundo convulsionado,

bajo la ley del hombre despiadado,

orgulloso, profano y prepotente.

 

Masa social superflua, inconsecuente,

súbdita de un sistema desfasado,

escudera de aquel mundo enquistado,

en vil valor monetario inclemente.

 

Raza humana, insensible, retadora,

que destruye sin más el medio ambiente

y arruina los derechos de la gente

dedicada, humilde y trabajadora.

 

Mandatarios ilustres y engreídos

que ostentan el poder con armamento,

y que no oscilan ni un solo momento

para ir contra el rival, enfurecidos.

 

Si un profeta osara vaticinarles

que invisible peón los vencería,

pobre de aquel, pues lo someterían

a indecibles censuras infernales.

 

Y sin embargo hoy yacen reducidos,

anonadados, lelos e impacientes,

con el mismo discurso decadente

que jamás convence al pueblo afligido.

 

Pues justo surgió verdugo intangible,

expandiéndose en todas las naciones,

ocasionando lúgubres canciones

trayendo terror al hombre abatible.

 

El orgullo del hombre va cediendo,

hoy natura expresó su poderío,

y como si fuese en furibundo río

miles de almas se van despidiendo.

 

 

 

 

Y aquella sociedad convulsionada,

ansiosa, frenética, enloquecida,

se vio obligada a poner, enseguida,

pausa larga a su vida arrebatada.

 

Hoy, sitiado en su cruel confinamiento,

el pueblo canta notas de esperanza,

al cielo eleva miles de alabanzas

nacidas con sincero sentimiento.

 

El campo luce ya reverdeciente

sin tantos agentes contaminantes,

no se ven turistas ni caminantes,

se intuye una humanidad más consciente.

 

Y a pesar de tantos miles de muertes

que nos ha dejado el peón invisible,

a Dios rogamos que cese esta suerte

para vivir un mundo concebible.

 

Héctor Cuestas Venegas

Abril 13 de 2020