Tan cierto es que la esperanza
se abraza a la promesa:
confía, la siente, la sueña...
Se crea universos.
Embriagante espacio sin tiempo
donde ilusiones reposan
en emociones solitarias.
La promesa abrasa, astuta;
sabe que no es ella la que carga
investidura de verdad.
Pero es tanta su hermosura
y su efectiva influencia,
que se sirve del beneficio,
del privilegio de aquel anhelo
a quien robó el abrazo.
Y así nace esa danza:
una dulce estafa,
la sentencia de fragantes decepciones.