José María García Plata

Un poema en la retina

Hace días que no me veo ni siquiera en los espejos

de los charcos, y huyo para encontrarme.

 

Las escalas de la noche guían mis pies

hacia la cumbre, y con pasos indolentes

marco el ritmo en la subida, baile lerdo

que al minuto me incomoda.

 

Busco paz para mi alma y lucidez para el verso

y sé que puedo encontrarlas,

porque conozco el aparte donde curo mis heridas

o simplemente me indago.

 

Arriba, ya a cielo limpio, me siento ombligo del mundo,

parte esencial de universo, y en mis delirios de Ícaro

alas de plata me elevan hacia un planeta fingido.

 

Pero hay un lastre en las sombras

que desvanece mis sueños,

y se empeña en arrastrarme adonde los hombres

se enfangan en su barro primitivo.

 

¡Ay, larga noche de ausencias!

Noche que te despedazas sin que nadie lo remedie.

 

Qué nimio me veo ahora entre lo ancho y lo inicuo,

entre el influjo que duerme y la angustia que me oprime!

 

El astro envuelto en un nimbo levanta su torpe vuelo

y no mira hacia la tierra.

 

¿Qué sucede?, le pregunto.

No contesta, pero sus largos pinceles

manchan de carmín las nubes.

 

Quítate el vestido rojo, le sugiero.

Ponte el de escarcha y violeta o aquel con lunares

Verdes que luces en las verbenas.

 

De rodillas miro al limbo,

pero hay un tiempo de inquietudes

en que nada evoluciona.

 

Luego, una aurora boreal se despliega

en bello lienzo por los ámbitos

y una brisa cadenciosa rumorea entre los pinos.

 

Yo vuelvo sobre mis pasos con un signo de certeza

y un poema en la retina.

 

© José María García Plata