jacqueline Sellan

Del libro Almas de pez.

No pueden ser temerosos,

ni siquiera prudentes,

los cantos que quieren tocar el infinito.

La palabra nació

de contemplar las estrellas,

que aquellos que sólo miran el fango

apenas a gruñir se avienen.

Poderosa palabra,

certera como la luz,

hiere y sana,

flota en el aire leve

y atraviesa el más espeso de los muros,

 miente míticos héroes

y hace caer los imperios.

Asombroso poder de la palabra:

magnetiza a las turbas numerosas

que no la entienden

pero le rinden admirativa reverencia.

Peligrosa palabra,

que puede encender una revuelta

 si despierta el sabor de la sangre

en las toscas gargantas.

Mágica,

ignorada palabra

que un eco misterioso hace rozar mis labios,

¿de qué manera aprender a pronunciarla,

 para despertar del hombre

como de un mal sueño?