Ben-.

La semilla-.

Yo no tengo rostro.

Lo perdí, seguramente,

y como todos, durante

un aguacero borroso.

Tras un beso en un día furioso,

donde no hubo resplandores

ni carceleros.

Yo no tengo nombre.

Lo debí de perder, una tarde

de un mes de diciembre, en

que la lluvia partió el corazón

en dos mitades.

¡Pero tengo alma, y ésta

es una semilla que tras el dolor

se abre!

 

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