walter rafael aguero gomez

Las miserias florecen en la crisis.

El infortunio,

la carencia absoluta,

florece en el desierto

de este mundo de apariencias,

onírico,

surrealista.

Resignado,

domo mi fiera interna

para no bailar

la danza de la explotación del próximo.

Como azaleas,

brotan los cómplices,

llenando lentamente de veneno

al ser humano

que sobrevive entre destrozos,

adornado de llagas.

Es un derrumbamiento total.

Como partículas

giramos en el vecindario cósmico.

Hambrientos,

a la orilla del camino,

esperamos las migajas

que dejan caer los disfraces de honestos

que bailan en la comparza de la corrupción.

Lucha ancestral,

la luz y la oscuridad

se pelean las conciencias.

Como hierba seca

se han marchitado los valores del colectivo.

Un velo oculta la fuente

de la misericordia infinita.

Hurgo en mi pasado,

para construir sobre mis ruinas.

Invoco la paciencia infinita,

ese combustible interno

que logra mi transformación.

Las huellas del mal

no se borran de la historia.

El perdón 

cierra las heridas;

la comprensión

irá dando claridad

a este río de vivencias.

Los fantasmas 

de mis pasiones internas

me asustan.

La perla perdida de mi dignidad

la hallo en el otro.

Camino en el tiempo,

cada vez necesito menos;

me basta con un abrazo,

una palabra pintada de afecto,

con el simple amor

que brota de las acciones.

Practico el olvido

para vengarme del dolor.

La fe, 

el amor

y el servicio,

son mis palancas para cambiar el caos.