¿Cuándo has sido cenizas si de la muerte no has sido digno?
No eres más que una vida mal vivida,
un eco desolado y deshecho,
Un camino errado en la duda y la locura,
un enjambre de moscas verdes y azules
cavándose zanjas en las pupilas:
eres un Infeliz pasajero sin rumbo alguno.
Te pesa la tristeza en la solapa y
oscureces los cielos auspiciando tormentas.
Aún estás ahí.
inerte con los huesos humedecidos
y la barbilla flácida;
Pero estas.
En las sombras con la mirada taciturna
y perdido en un laberinto de espejos;
Pero sigues allí.
Nadie te ha prendido velas a mitad de la noche
ni has sido honrado por las campanas del campanario.
No es labor del sepulturero levantar las murallas
donde te encerraran con el silencio.
Es cosa de Dios quien en su copa
mece algún caro vino del noreste francés,
preguntándose en su alcoholizado trastorno
que habrá sido de los siete mares
y el imperio babilónico.
el antiguo mundo de los muertos y los vivos
y los que están en el medio.
El infierno¡
que infierno ni que ocho cuartos.
Los demonios van a misa los domingos;
“La casa de dios” es un burdel
Donde trasciende la esclavitud
Y emprenden su vuelo palomas enfermas;
Ensayan el apocalipsis
bajo los efectos de sustancias deístas
Sigues allí. En el ático: tu laberinto de espejos.
Inerte, descalzo y desnudo.
¿Sigues allí?