Salí a luz de la oscuridad
con las armas que él me dió
y ví a las sombras con claridad.
Eran la tristeza, el ego y el miedo.
Caminaban rodeándome.
Cual hiena riendo.
Cual dragón mirándome.
Cual león hambriento.
Eran el pasado,
el presente y el futuro
ante mí proyectando
lo oculto e impuro.
Caí de rodillas
mientras, oía los rugidos
y los ecos de esos días
tan intempestivos.
Y estando en el suelo,
sólo pude pensar en tu voz
y eso me dio fuerza para el duelo
y así pude alzar mis ojos.
Y pude usar mis flechas,
el látigo y la daga
contra las bestias
que me acechaban.
Porque con una sola flecha de amor,
la burlona tristeza murió al ser traspasada
y con el látigo, pude sujetar al dragón del ego, para asfixiar su quimérica vida
y con la daga en la mano,
pude desangrar el corazón del león
que antes me amedrentaba.
Y sí... Cubierto estaba mi cuerpo
de sangre hasta los pies
y mi mirada repleta del llanto
que antes no lloré.
Pero, ahora soy libre...
A la oscuridad de una nueva luz,
que es cálida y firme en el horizonte...
de un crepúsculo azul.
De: Diana Janeth Reyes Diáz.
( Diana Reydz )
Publicado el
05/01/20 10:15pm
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