Alejandro Tapia

Terror.

 

Terror.

 

Todas las noches puedo ver a un humanoide calvo de cara blanca y sin cejas.

De demoníacos ojos blancos y vacíos.

Dientes afilados y tiene cenizas en las yemas de los dedos y el hocico.

Tiene el semblante de horror a veces o de descorazonador gemido.

Incluso si sonríe parece hacerlo a la fuerza, presa del pánico.

 La ansiedad cómo a todos los tristes, me hace temblar.

Sollozando choco y choco los dientes que ya se empiezan a resquebrajar...

Mal presagio, mala señal, siento que algo malo me va a pasar.

Justo en la obscuridad y el silencio donde se nota de verdad la fragilidad…se presiente el tormentoso y afónico final.

Lo que más odio es su grito mudo…

No lo escucho... ¡lo siento!... veo su rostro.

Y desespera y se convulsiona y me odia…se encaja las garras en sus ojos que chorrean espesos borbotones de sangre obscura y violeta.

Confieso esto porque ayer al fin descifré su grito y porque señala siempre al piso…

Quería que viera lo cerca que estoy, que ya voy a medio camino.

Si se ríe es de mí, es de todo lo que me arrepiento.

Y si llora es porque sabe que al chocar se irá conmigo…

 

Y es por eso que hoy no duermo.