Rosanna Moreda

Charly García no quiso follar conmigo

 

 

 Pensado durante años,

como alguien desconocido

pero inmensamente familiar

aunque nunca antes había

aparecido en sueños…

 

 

Cuando tenía necesidad

de escuchar una música inquieta

y de una intensidad infantil

 

persistente

como un caballito de mar

 

visto por primera vez.

 

Esta reflexión sobre una

voz bella, una actitud libre,

se transformó en

necesidad de sexo en mi sueño.

 

Rabietas afines y odios profundos compartidos

 

Hasta el avión después de él

es entendido de otro modo.

 

La alegría de canciones viejas

se dispara entre arrebatos

de furia exterior e igualmente introspectiva. 

 

Entro en un

cajero

 

 y siento un olor,

un olor que me cuesta definir

 

como

una cosa condensada

 

que me hubieran robado de chica

y me la devolvieran,

 

mucho tiempo después…intacta…

 

/ rock del Sur

de Estudiantina

 

entre cervezas que parecían trofeos

y besos pudibundos

en las gradas repletas

de adolescentes ochenteros

 

Un sentimiento parecido

me viene cuando escucho su voz,

algo arraigado

a algún sitio al que yo también pertenezco

 

Entonces,

entre ratos de

ojos cerrados

 

me sobrevino un sueño del que recuerdo bastante.

 

Charly apareció a mi lado con un sigilo reptil y me abrazó

y yo no cabía en mí de felicidad.

 

Todas sus canciones de amor se hicieron un solo manojo

en momentos que ahora están perdidos.

 

Es como si hubiera muerto,

y me llamara desde el fin de la Tierra,

para que yo, expiada sin saberlo,

me fuera a encontrar con él

y me pasara una parte de su transparencia.

 

Ahora no rechazo las llamadas de mis sueños

ya no los desprecio, como

tampoco desprecio la realidad. 

 

Aquellos y esta comparten algo que los

hace iguales: terminan siendo pasado.

 

Por eso agarro este trozo

nuevo de sensaciones,

en la ilógica de que él fuera un príncipe rosa.

 

Ahora solo quedan las versiones,

válidas todas ellas en un mundo casi sin huecos,

donde los sueños se esconden en las plantas.

 

Él entonces me abraza, y me susurra al oído cosas vivas,

que integran, junto a muchos otros cósmicos elementos,

la geografía de su esencia.

 

Y de día lo escucho,

tratando de entenderlo una vez más,

de darme cuenta de que sus palabras

de alcohol son también sueños que él tuvo.

 

Mientras tanto, desde otra parte,

sigue estrechándome contra él dándose los ánimos

del que está a punto de amar.

 

Entonces me sugiere.

 

Yo olvido su música en este punto,

centrándome en instantes, muy lentos, de piel.

 

Él ya no es Charly y yo soy yo.

 

Pero… con una seguridad, un cambio de estado muy frío

a punto de llegar,

de pronto pero sin parecerme una sorpresa

 

 al final mira mis pies

 

cuyos talones y tobillos sangrantes

están cubiertos de yagas.

Yo no los escondo y él lo agradece,

 

como tampoco escondo mi culo postilloso,

resaltantes las costras

en las sábanas tan blancas.

 

Él no quiere, por eso yo no voy hacia él.

(Y canta)

Lo que fue hermoso será horrible después…