ADANS BECMAN

EL POETA DEL PUEBLO LLANO...

Ese que atraviesa la mirada

y mira fijamente

con la frente sudorosa y ancha,

latir y alma de la gente,

ese que  sueña con ser nada

por que la nada ya es suficiente,

porque es volcán de la heridas

que con un beso se apaga,

y que quiere llegar al corazón

del que tiene dolor y llaga,

su llanto es permanente

y hace de su alma una fuente

que nunca se seca,

es cantor, es humilde y es poeta

que acaricia las manos que tiemblan,

que no espera porque no tiene prisas,

la esperanza es su bandera,

no entiende de razas ni fronteras

y su pluma lo esclaviza,

no adorna su plumaje con la métrica

porque escribe para el que nada sabe,

no para sabios ni intelectuales

si no para el hombre sencillo,

ese que pasea con las manos en los bolsillos

cabizbajo y pensativo por la acera,

que le canta al abuelo, al niño

y también a la costurera,

al que duérme en la acera

y al que va haciendo camino

cada día para ir a su trabajo,

subido en la escalera

o en lo alto del andamio,

al que siega bajo el calor del verano,

al pintor de brocha gorda

que enjalviéga arremangado,

al albañil que limpia los tejados,

al que a la sombra del olivo descansa

y a los mozas y a las mozos enamorados,

y hasta al gato que se duerme en la esquina,

a la luna clara y a la eterna colina,

debajo de la encina el pastor descansa

aquél que camina detrás del arado,

a ese y a tantas cosas les canta

el poeta del pueblo llano...

Ese que te da un abrazo de hermano,

el que se codéa en la taberna

y se toma un chato de vino

mientras recita un poema,

 y escribe cuentos a los niños

a las mozas y a las viejas,

y que cuando alguien se va,

¡hala!, enseguida una elegía

cuando aún no se han secado las lágrimas,

y escribe en prosa a un amigo

que vive lejos en la distancia,

que tiene callosas las manos

porque el trabajo duro cansa,

y ya tiene el pelo cano

y un no se qué en la mirada,

pero es valiente y honrado,

que con la pluma en forma de lanza

como Don Quijote avanza,

de la justicia enamorado

de Dulcinea y su amigo Sancho Panza,

y sin orgullo ni vanidad

vaga diciendo la verdad

por donde quiera que pasa,

es trigueño y jovial

un poco enjuto y chaparrito,

quien va  a pensar que tiene

muchos libros ya escritos,

con su pantalón de pana,

con su jerséi de lana

y una chaqueta gris plomizo

pasa siempre desapercibido,

vive en un pueblo de la España

ya casi olvidado,

pero es poeta,

un pobre poeta del pueblo llano...

 

Poeta del pueblo llano. Poeta de la Esperanza.