Entre arroyos y gargantas,
en un lugar encantado,
bajo robles y abedules,
brota la fuente en un prado.
En sus cristalinas aguas
se reflejaba la luna,
cuando bajaba a beber
mas abajo en la laguna.
Dejaba el brillo en sus aguas,
embelleciendo el paisaje.
Allí van enamorados
que llegan a ese paraje.
En la fuente del deseo
prometen amor eterno,
con el eco, entre las rocas
parece sonar más tierno.
Nace el río en esa fuente
donde ha nacido el amor.
Y fluirá tu corriente
hacia donde quiera Dios.
J. Piñeiro