Salvador Cano

CARTA 2: Quiero verte.

Han pasado unos cuantos días desde la última vez que te vi.

 

Y con el afán que tienen mis pupilas, he salido a buscarte.

En el camino ciertas mujeres se parecen a ti y creo verte.

 

Cada costilla que observo, me regala una parte de tu cuerpo  

y un pedacito de tu alma. 

 

Algunas manos que acarician me recuerdan tus manos

y que decir de las que ríen pues me hacen ver tu sonrisa.

De ellas escucho algunos murmullos y mi pensamiento corre a tu voz

y una fulana que pasa a mi lado con sus pasos bruscos rememoran tu andar.

 

Y así un sin fin de mujeres, amor mío, me permiten viajar a tu presencia,

aquella presencia ingrata que no olvido.

 

Todo me lleva a ti y malaya sea mi suerte 

porque aunque el recuerdo sublime de tu presencia se siente en la fragancia fresca del aire en cada esquina que camino,

solo, para derrotar mi tristeza, me falta ver tu loca mirada de la que  alguna vez me enamoré. 

Demonios, mirada que en otra, aunque se pareciera a ti, en forma de maldición, no puedo contemplar. 

 

Quiero verte, de nuevo, amor mío y por ver tus ojos negros mi alma voy a vender.