Omar_Cruz1998

\"El detective\"

El reloj marca las diez y cuarenta y cinco, el detective Ernesto tomó su tercera taza con café, daba vueltas y vueltas en su escritorio, ojeaba una tras otra, todas y cada una de las pruebas que se le entregaron, la desesperación lo empezaba a consumir, hace dos semanas que se le asignó la investigación de varios casos de asesinatos en serie, y hasta el momento, no contaba con una tan sola pista del responsable.

 

La noche está fría, y la luna reposa en un esplendoroso cuarto menguante, el ocaso está a la vuelta de la esquina, y Ernesto lo sabe, éstas semanas, han sido, quizás, las más duras de su vida, en algún momento, ha pensado que cada maldito segundo que pierde, es una oportunidad que se le escapa junto con el criminal. Los crímenes van en ascenso, ayer por la tarde noche; tres personas aparecieron muertas, tenían signos de tortura y moretones en varias partes de su cuerpo, algunos de ellos habían sido mutilados, pero la verdadera sorpresa le llegó a Ernesto, cuando le dieron la fatal noticia; las últimas tres víctimas, eran nada más y nada menos, que su esposa e hijos, en ese momento lloró amargamente y sin consuelo alguno, después se tragó una a una, todas las lágrimas y - dijo - es un psicópata muy peligroso. Luego salió de su escritorio y decidió descansar un poco, para después seguir con la investigación.

 

Hoy por la mañana, le dejaron un sobre en la puerta de su casa, lo recogió y pasó por la cocina a preparar una taza con café, después se dirigió a su escritorio, pudo observar que en la portada de la nota estaba inscrito su nombre, no había firma del remitente, lo abrió rápido, pues pensó, que ésta sería posiblemente una pista para resolver su caso, dentro del sobre lo único que había era una citación dirigida hacia él, le pedían que asistiera sólo y la espera sería a las diez en punto de la noche, en la esquina del parque central.

 

Ernesto pasó casi todo el día pensando en asistir, o no, a la citación que se le había hecho, imaginó que sería de suma importancia, quizá alguien que pudiera darle una pista, algún testigo de uno de los crímenes, supuso también la posibilidad de que esa invitación, fuere una trampa mortal, o quizá el criminal querría entregarse, pensar esto último es bastante utópico se - dijo - en voz baja.

 

Al fin llegó la noche y cuando Ernesto se dirigía hacia el lugar de citación, empezó a caer una lluvia bastante leve, de esa que también cala, la aguja de su reloj marcaba exactamente las diez en punto de la noche, estaba ubicado en el lugar indicado en la nota de citación, habrían pasado más de quince minutos de espera, y nadie llegaba o aparecía. Ernesto se sentó en una banca a escampar la llovizna que caía, y después de meditar en la oscura y desolada noche, por fin obtuvo la respuesta, había dado en el blanco, un flash le mostró quién era el criminal, misteriosamente empezó a llorar, se secó las lágrimas con la mano derecha, y al verse en el espejo de su teléfono celular, - dijo - el maldito asesino que he estado buscando, el que mató a muchas personas, incluyendo mi esposa e hijos, soy yo...