Faeton

Los oxidados raíles de mi existencia

Ya no pasan trenes por los oxidados raíles de mi existencia.

 

Hace tiempo que quedaron vacíos los andenes.
Ahora no hay el bullicio de otras veces,
ni el mismo trasiego de maletas con pasos apresurados sobre la acera,
ni se oye el pitido de la locomotora al mover sus pesadas ruedas,
ni el adormecedor traqueteo de los vagones...

 

pero yo me muevo,
viajo a algún lugar desconocido,
y los pasajeros que me acompañan son rostros sin cuerpo.

 

Miro por la ventanilla y sólo veo naturaleza muerta,
tres pinceladas al desgaire,
un bodegón pintado con negligencia
y un borroso paisaje de acuarela.

 

La tristeza me acaricia con su áspera lengua,
como el maullido de un gato en celo durante una noche en duermevela
–le arrojaría un tapacubos para que se callara, si pudiera–.

 

Sin ti no soy más que el sueño despoblado de una hoja de abedul,
el silbido del viento que seduce a los suicidas.

 

La próxima parada es un viaje al pasado
donde tal vez recupere lo que nunca tuve
y viva lo que nunca viví,
porque un día soñé,
y el que sueña siempre está creando un futuro nuevo.

 

El fin del trayecto es una estación fantasma
donde quién sabe qué encontraré.

 

¿Tu rostro, tal vez?

 

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.