Disfruté, sorprendida, tus recuerdos asentados en mi mente
Una impronta extraña, de repente
No de lo que fuiste, ni de lo que fuimos, ni siquiera por lo que vivimos,
No la humillación, ni los sin sentidos
sino más bien, lo que me he inventado
aquel quizás, ¿si así hubiese sido?
Un recuerdo bonito, de esos que revuelven el simpático
Y te hacen alear las inagotables mariposas
Cómo un problema hepático
Hoy te hablé, te miré y hasta casi te beso,
Pero me limité a sentarme amarrada a tu cuello tenso
Cómo aquella última tarde, ¿te acuerdas?
Me llevaste hasta el cuarto y fingías ser feliz
Sin lunas, ni costas, ni marfiles, sin hipnotismos o hechizos
Ni la arena que arropó tus estocadas miles
O las noches de desgastantes bullicios
Asumí palabras y ostentosas caricias
Elegí explorar el acostumbrado cuerpo de deliciosas malicias
Te confieso, enmudecía y tú, bebiendo de la orilla de mi vida
Y yo, en la majestuosa danza de tus dedos, me perdía
Bendita ironía del reloj que las 11:11 presumía
Recordándome esa circunstancia sincronizada con un sabio código
No te lloré, no me mentí, no te sufrí, honestamente te digo
Sólo te amé de cabo a punta y entendí
Por primera vez, entendí
Fuiste mi historia de esos años
Nada más allá que unas pocas páginas en mi
Cuaderno
No mi vida, como pensaba, no hasta que seamos viejitos, ni figuras de antaño
Sólo otra historia más en mi libro, ahí no hay engaños, insisto
eres esa secuencia de cuentos, a la que leer, te invito.