Ben-.

Atuendos nocturnos-.

La luna pintarrajea sus oscuros movimientos.

Cielos nocturnos, apocalipsis de la nada.

Entre tanto, alguien guarda un silla vieja

y apelmazada, labios contra labios, vajillas

secuestradas en un imperio de porcelana soez.

Alguien besa el lastre oculto en las espaldas.

Reclama el viento su paisaje favorito,

como en sueños, la reina de corazones,

ha vestido su clamor de esperpento y de huesos.

Mientras me visten con atuendos orondos y elípticos,

van desfilando reinas de un futuro tan lejano

como lo fue en su momento mi pasado.

La luna es una borracha que quiere vestirse

de hacendada, propietaria del cielo, pretende

incordiar a todo aquel que se lo proponga.

Vestiduras rasgadas, motes de aficionado,

alcohol de gasolinera, mil vicios y ninguna cartera.

Ya desgarra el viento el buche de los asmáticos

con su ebriedad de carretera.

La luna me guarda algunas noches y algunos secretos.

De viejas tumbas hizo un misterio con mis pequeños perfumes.

Y yo visto la leyenda de todo un ciclo de ahogados grotescos.

 

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