Julio Noel

¡Oh amada mía, luz divina y mi tesoro!

¡Oh amada mía, luz divina y mi tesoro!

Al fin nos hallamos lejos del mundanal ruido,

después de haber por ásperos precipicios huido

no sin poner en alto riesgo nuestro decoro.

Sorteamos numerosos peligros sin desdoro

antes de arribar a la morada de Cupido,

luego en sus tiernos brazos nos hemos dormido

rodeados por un celestial y divino coro.

Aquí estamos solos en silencio tú y yo

muy lejos de la ensordecedora realidad,

donde juntos hallaremos, al fin, nuestra dicha.

Dejemos el ruidoso mundo que nos rodeó,

donde impera el estrépito y la banalidad,

si deseamos acabar con nuestra desdicha.

 

Canciones de amor.