Ricardo Gerarduzzi

La chica que conocĂ­.

Desnuda, en mí pecho recostada,

tus labios se deshacen en mí piel,

cómo en la lluvia, la azúcar quemada;

formando la más dulce miel,

que hechiza mí alma enamorada.

 

Tu pelo se desliza por tu espalda,

como una bruna catarata,

en sutil ondas, se enreda y se desata,

dejándose morir hasta llegar a tu falda.

 

Tu aliento, perfume de pasión,

recorre sigiloso por mí cuello.

Un golpe de excitación,

despierta a mí corazón de su sueño.

Brisa de melancolicos besos,

lleva consigo, sentimientos añejos;

que han de contar en su cello,

antiguos y hermosos recuerdos.

 

Pero la miel se lava con las aguas,

besos mojados de otro ser,

entre noches de placer

disuelve el azúcar en las sabanas.

Solo labios frígidos, sin ganas,

olvidados del ayer

murieron durmiendo en su cama.

 

Pero pálido, tu pelo  se ha puesto,

su negruzca esencia desaparecio,

entre mentiras se ocultó

¿No te das cuenta que se ha muerto?

Las orquídeas negras

que en tus cabellos vi nacer,

empezaron a desaparecer,

extinguiéndo todas sus hebras.

 

Pero tú aliento se alquiló,

al romance del engaño,

y aunque pasen cien mil años

no podrás nunca quitar,

el veneno que lo contaminó,

y que sin piedad mató

a esa chica que llegue amar.