A. Martinez

SerĂ¡.

 

Será otra vez el atardecer,
instalándose despacio
en los ojos,
en las manos
en los pechos.

 

Sobrará lo que se dice
sin decirlo,
la singularidad
vertical
de la distancia.

 

Irá partiéndose la luz,
envolviéndonos
en un capullo
silencioso,
contencioso.

 

No volverémos
a nombrarnos,
hasta después
de la resurrección,
cuando se cumpla el rito.



Luego vendrá la noche,
y la luna de ayer,
retornará
con otro rostro
conocido.

 

Eduardo A. Bello Martínez
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